La historia de Green Glass no empieza con una botella de vidrio. Empieza con dos caminos marcados por la pérdida, la búsqueda y una resiliencia inquebrantable. Esta no es la versión que cuentan las revistas; esta es nuestra verdad. Y ahora, a punto de cumplir 10 años, sentimos que es el momento de contarla.
Tocar Fondo 🌃
Mi nombre es Lanchi. Mucho antes de que el vidrio fuera mi vida, yo era el CEO de una exitosa empresa de diseño web. Tenía un equipo de programadores, diseñadores 3D y un portafolio de clientes en toda Hispanoamérica. Pero el éxito fue efímero. La inexperiencia de mis 26 años, el miedo a delegar y una crisis de identidad que no supe reconocer, hicieron que todo se derrumbara.
Mi nombre es Lanchi. Mucho antes de que el vidrio fuera mi vida, yo era el CEO de una exitosa empresa de diseño web. Tenía un equipo de programadores, diseñadores 3D y un portafolio de clientes en toda Hispanoamérica. Pero el éxito fue efímero. La inexperiencia de mis 26 años, el miedo a delegar y una crisis de identidad que no supe reconocer, hicieron que todo se derrumbara.
En medio de esa caída, la vida me dio el golpe más duro: el fallecimiento de mi mamá. Mi amiga, mi compañera, mi todo. 💔 Caí en una depresión de la que recién hoy, a los 46 años, empiezo a comprender sus dimensiones. Sin respaldo familiar, escapé de mi ciudad, Bahía Blanca, y llegué a Buenos Aires con una mano adelante y otra atrás.
Comencé a vivir de casa en casa, gracias a la generosidad de amigos (Jesica – Petty, El tucho y Vicente). ❤️ Me sumergí en una vida virtual, intentando sostener los restos de mi imperio digital. Seguía trabajando con mis páginas web, aplicando mis conocimientos avanzados en posicionamiento (SEO Webmaster) y en el armado de plataformas complejas. Pero la realidad era que el monstruo que había creado durante más de 10 años se me había ido de las manos. El que mucho abarca, poco aprieta. Estaba preso de mi propia creación. A mis 36 años, veía cómo todo se desmoronaba.
La oscuridad era profunda.
“Lanchi, ¿a qué le tenés miedo?”, me pregunté un día, al límite. “A no tener nada”. La respuesta fue una orden inmediata y brutal: “Ok, ahora no tenés nada. Andá a vivir a la calle”.
Y lo hice. Fueron solo tres días, pero la percepción del tiempo se distorsionó por completo. Los segundos en mi cabeza contaban como si fueran eras geológicas. Me convertí en una sombra que caminaba la ciudad de punta a punta, sin rumbo. 🚶♂️ De Palermo a Puerto Madero, de allí a Once, recorriendo barrios en un bucle infinito. Dormía en bancos de plazas, pasando un frío que se metía en los huesos y con noches eternamente largas, llenas de pensamientos sin control. Para alguien que, como se dice, se crio en “cuna de oro”, la dureza de la calle era un golpe aún más brutal. Estaba perdido. Sentí que si no me “despertaba” de esa pesadilla, todo se iba a terminar.
Luego de pasar tres de esos días eternos, una mañana desperté en la Flor de Libertador. Y fue en ese preciso instante, sentado en la base de la Floralis Genérica, agotado física y mentalmente, que me rendí. No una rendición de derrota, sino de entrega. Solté el control, el ego, las expectativas. Solté todo. Y dije para mis adentros: “Ok, si tengo que limpiar pisos, voy a limpiar pisos. Porque todo lo que hice hasta ahora no me funcionó…”.
Fue un acto de fe increíble. Porque a los pocos minutos de esa rendición total, sonó el teléfono. 📞
Era Mauro, el administrador de un hostel en Palermo Hollywood al que días antes le había ofrecido mis servicios como SEO y Webmaster a cambio de un techo. Habían aceptado. Fui al hostel, y lloré como nunca. Tenía una cama y un nuevo comienzo.
El Encuentro y la Chispa ✨
La vida en el hostel era un día a día. Mientras posicionaba la web, conseguí un trabajo como ayudante de parrilla. Fue allí, en medio de la reconstrucción, que la vida me golpeó de nuevo con el fallecimiento de mi hermano menor. Fue devastador, hundiéndome en otro bajo importante del que sentía que no me podía recomponer.
El trabajo en el restaurante duró solo un mes. Pero cada vez que llegaba al hostel era una bendición. Tenía una cama y un sustento. Entendí que poco es mucho.
Esa calma me permitió relajarme y dejar de lado la obsesión con mis antiguos proyectos web. Sentía que tenía que soltarlo todo. Y fue allí, en ese estado de transición, donde la vi. Una chica de pelo largo que me flechó en el primer momento. Eli Moreno. ❤️ Con el paso de los días, nos fuimos acercando.
Fue entonces que, en una de nuestras charlas, surgió la magia. Eli me contó que tenía una pasión, un sueño: quería aprender a cortar botellas de vidrio. Me quedé helado. “Yo también”, le respondí. 💡 De la nada, teníamos la misma visión.
Compramos nuestra primera máquina con las propinas que Eli ganaba como camarera en un restaurante de sushi. Mientras ella trabajaba, yo practicaba sin descanso. Fue mi paso de fe definitivo: apagué el servidor de mi antigua vida online y me dediqué de lleno al arte de las botellas.

La vida nos llevó a una breve aventura montando un bar en Palermo, que duró poco pero nos unió más. Al dejarlo, nos pusimos de lleno con el proyecto de las botellas, que aún no tenía nombre. Un día le pregunté a Eli: “¿Cómo te gustaría que se llame?”. Sin dudarlo, me dijo: “Quiero que sea Green Glass”. Y yo dije: “Ok, que así sea”. Y con ese nombre, comencé a usar mis viejas habilidades para construir nuestra nueva historia. Green Glass había nacido oficialmente.
La Encrucijada y la Señal del Universo 🌌
Íbamos a ferias, vendíamos nuestras primeras creaciones, pero mi perfeccionismo nos estaba desgastando. Las discusiones eran constantes.
Fue entonces cuando apareció Juan Carlos. Un admirador de nuestro trabajo que parecía un “enviado del futuro”. No hablaba de negocios, hablaba de energía y propósito. Y en una de esas charlas que nos transportaban a otra dimensión, entre palabras y metáforas, nos dio a entender que la pieza que faltaba en nuestro proyecto, el catalizador que uniría el arte con la vida, era crear una familia.
La idea nos dejó consternados. Esa noche, en la pizzería de siempre, en un silencio denso, nos miramos. “¿Entendiste lo mismo que yo?”, le pregunté. Su mirada me confirmó que sí. La revelación era la misma: teníamos que tener un hijo. Nos parecía una locura.
La tensión continuó hasta que llegó el ultimátum de Eli: o yo cambiaba, o todo se terminaba. Fue el “Big Bang” de mi vida. Le prometí que iba a cambiar, y lo cumplí.
Ese día salvamos la relación y salvamos Green Glass. La dinámica cambió. Las discusiones se volvieron charlas creativas y empezamos a disfrutar del proceso, reinvirtiendo cada peso ganado en nuevas herramientas. Estábamos tan inmersos en ese renacer que no nos dimos cuenta de que el universo ya había movido sus fichas.
Lo que no sabíamos es que la señal definitiva estaba por llegar.
Esa misma semana, nos enteramos de que Eli estaba embarazada. 👶
Nuestro futuro hijo, Valentino, ya venía en camino. La profecía se había cumplido.
De la Sustentabilidad al Lujo Artesanal 💎
El camino se iluminó. Conocimos a “Claudito” (QEPD), un amigo que nos proveyó de las primeras botellas de lujo. Descubrí el talento de Eli para la caligrafía y compramos un grabador. y ella empezó a personalizar nuestras creaciones. Un día, nos contactaron de HERMÈS. Nos pidieron un servicio de grabado en vivo para un evento.
Ese fue el momento en que nuestro enfoque cambió. Con el consejo de nuestra amiga “Sil”, entendimos nuestro lugar. No solo éramos recicladores; éramos artistas que transformaban objetos de lujo en piezas aún más exclusivas. Así nació el concepto de sustentabilidad premium, el ADN que hoy define a Green Glass y a nuestro proyecto hermano, Whisky Custom.
Con un posicionamiento web cada vez más fuerte, comenzaron a contactarnos empresas como Google (para quienes hicimos 150 vasos), el chef internacional Mauro Colagreco, y llegamos a la televisión, creando regalos personalizados para figuras como Pico Mónaco y Guillermo Coppola, entre otros.

Acto V: El Reconocimiento de las Leyendas y el Salto Creativo 🥃
Conocimos a nuestro gran amigo Miguel Ángel Reigosa, fundador del Museo del Whisky y poseedor de un récord Guinness. Tuvimos el honor de que una leyenda como Colin Scott, el ex Master Blender de Chivas Regal, recibiera un vaso nuestro gracias a nuestro gran amigo Nathan Wood (ex embajador de Chivas Regal en Argentina). Creamos piezas para Gibson Guitars y su CEO, Cesar Gueikian, quien los comparte a embajadores y amigos de la marca como Kirk Hammett de Metallica y Slash de Guns And Roses.



Participamos en los eventos de whisky más exclusivos, como Whisky Live Buenos Aires, Chivas House Buenos Aires y Johnnie Walker House, donde Eli se dedicó a personalizar botellas con su impecable lettering, llevando nuestro arte a los paladares más exigentes. Pero en paralelo a este arte, sentía la necesidad de dar un paso más. Una de las innovaciones más destacadas, nacida de esa inquietud, fue la creación del vaso “Blue Extreme“ a partir de la botella de Johnnie Walker Blue Label. Fue mi diseño de autor, la idea de romper los moldes, de desafiar los estándares mundiales del reciclaje creativo. No quería solo cortar una botella para hacer un vaso; quería crear un vaso de whisky giratorio que ofreciera una experiencia completamente nueva. Hoy, ese es un diseño súper innovador en todo el mundo y el símbolo de nuestra filosofía.
Hoy, nos dedicamos a mostrar el concepto de Green Glass, que empezó sacando una botella vacía de la basura en Palermo y nos llevó a ser referentes mundiales donde fusionamos nuestras vidas con el arte para dar vida a este nuevo concepto en sustentabilidad, arte y whisky premium boutique.
Esta es nuestra historia. Un camino de caídas, amor, resiliencia y arte. Un agradecimiento eterno a todos los que nos apoyaron. Cada pieza que creamos lleva un fragmento de este viaje. Gracias por ser parte. 🙏
Todo es posible si nos lo proponemos…
Lanchi y Eli ❤️



